Historia del Latin Jazz
Nueva York ha sido, a través de los años, la ciudad donde han surgido
auténticos fenómenos, en cuanto a música se refiere. Uno de los fenómenos
más importantes ha sido, sin lugar a dudas, el mestizaje musical realizado a
finales de los años 30 y a principios de los años 40, que determinó el
surgimiento de una nueva cultura musical que habría de impactar a la ciudad
que nunca duerme, al caribe y al mundo entero: El Latin Jazz.
Durante esos años, el predominio musical era de las grandes bandas de jazz
de la época: Duke Ellington, Count Basie, Cab Calloway, por citar algunas. Sin
embargo, otras serían las perspectivas que tomarían las bandas de aquel
tiempo con la llegada del ritmo y el tambor afrocubano. De igual manera, los
músicos intentaban obtener un nuevo vehículo de expresión que les
permitiese desarrollar todo su potencial, y el público, factor fundamental,
necesitaba nuevas formas musicales que captasen su atención.
Según nos cuenta la historia, existen dos responsables directos del nacimiento
del Latin Jazz: Machito (Frank Grillo) y Mario Bauzá, quienes llegarían de La
Habana cargados de ideas y con ganas de desarrollar todo su potencial musical
en Nueva York. Machito participó como cantante con las Estrellas Habaneras y
el Conjunto Siboney, mientras que Bauzá ejecutaba la trompeta en orquestas
como las de Chick Webb y Cab Calloway. Los momentos cumbres del
nacimiento del género estaban por venir. Previo a esto, habían existido
algunos intentos de fusionar el jazz con lo latino, entre los que destacan el
famoso “Spanish Tinge” de Jelly Roll Morton o el clásico “Caravan”,
composición del trombonista Juan Tizol y Duke Ellington.
Para el año 1940 surge un momento importante en este proceso de mestizaje
musical. Se trata de la formación de los Afrocubans por parte de Machito,
contando con Mario Bauzá como director musical. Los Afrocubans fueron los
encargados de iniciar todo este proceso de fusión de ritmos afrocubanos con
las armonías del jazz estadounidense, permitiendo así la fusión de elementos
culturales y sociales en la gran manzana. Para ello se contaba con la
experiencia de Bauzá en el Jazz y los conocimientos de Machito sobre los
ritmos afrocubanos, todo esto aunado a un talento incomparable y a la
búsqueda de un nuevo sonido.
El golpe definitivo para el desarrollo de este movimiento musical resulta en la
llegada a Nueva York del percusionista cubano Chano Pozo, quien llega a la
orquesta de Dizzy Gillespie por sugerencia de Mario Bauzá. El ritmo intrincado
y caliente que le imprimió Pozo a la orquesta de Gillespie permitió el
nacimiento del Cu-Bop (Suerte de fusión entre el Be-Bop y la música cubana),
lo cual se manifiesta en el tema Cubana Be Cubana Bop. El ritmo que Pozo le
imprimía a sus interpretaciones y composiciones así como el coocimiento de
una diversidad de ritmos y expresiones afrocubanas le permitió al naciente
movimiento contar con un atractivo especial: El espectáculo del tambor
llevado a los salones de baile. Por otra parte, Gillespie tomaría las
sugerencias de Bauzá como punto de partida para desarrollar todo el espíritu
y las formas que caracterizarían el nuevo género.
Sin embargo, existe un nombre que siempre ha sido el menos nombrado
cuando hablamos del nacimiento del género. Se trata de Chico O’Farrill, el
arreglista, director y compositor de grandes obras que dieron realce al
género, quien entre tantas virtudes tuvo la visión de ver la Big Band como un
gran instrumento, lo cual se aprecia en sus arreglos y composiciones llenas de
colorido, matices y sabor. Eran los tiempos del mítico Palladium, el lugar de
moda en Nueva York donde se dieron cita las orquestas más importantes del
momento y las que, posteriormente, darían el complemento necesario al
género. Allí sonaban los nombres de Tito Puente, Tito Rodríguez, Eddie
Palmieri, el propio Machito, Chico O’Farrill, entre otros.
Todo esto significó la unión definitiva de las orquestaciones y armonías que
caracterizan el jazz norteamericano con los ritmos y cadencias afrocubanas,
formando así lo que hoy conocemos como Latin Jazz. Temas como Mambo Inn
(Mario Bauzá), Manteca y Tin Tin Deo (Chano Pozo), The Azteca Suite (Chico
O’Farrill), Sopa de Pichón (Machito y Los Afrocubans) son solo parte del
repertorio que se haría clásico dentro del surgimiento del género. Con el
transcurrir del tiempo, la historia tendría otros giros y se observaría cómo el
Latin Jazz toma formas y pautas determinadas por ritmos y estilos de diversas
partes de Latinoamérica, dándole la amplitud necesaria al género
Más allá de ser una nueva forma de expresión musical, debemos hablar de una
nueva forma de expresión urbana, donde el latino podía aportar elementos
importantes al movimiento musical y cultural gestado en la gran manzana, lo
cual es un punto referencial sobre la evolución del jazz y la música de
América y el caribe. Esto le permitió demostrar el valor de su existencia y de
su herencia musical cultivada en muchos años. Además, presenta una rica raíz
rítmica de alto calibre: El tambor, instrumento presente tanto en el jazz
como en la música afrocaribeña.
Lo que comenzó como un proceso de mestizaje entre la música afrocubana y
el jazz ha desembocado en la fusión de diversos ritmos afroamericanos con el
jazz, produciéndose verdaderas joyas musicales que merecen ser mostradas
en su justa proporción, de manera de presentarle al mundo el aporte cultural
y la riqueza de los géneros que allí tienen cabida. En la actualidad, el jazz se
da la mano con un tambor de San Millán o un joropo tuyero, camina al compás
de un Tango argentino, acaricia las notas de un bossa nova, flirtea con los
sonidos centroamericanos o danza armónicamente con una rumba columbia.
Todo esto nos demuestra el cruce de dos culturas musicales para originar
nuevos sonidos que identifican, de alguna manera, el proceso de mestizaje
llevado a cabo en América; el desarrollo de una nueva forma de hacer música
y la evolución de un género que habría de recorrer el mundo por caminos
infinitos. Así, contado de esta manera, es una historia del Latin Jazz.
INFO TOMADA DE
http://entraenclave.blogspot.com/2005/08/una-historia-del-latin-jazz.html






